Una futura mamá expatriada: la organización del embarazo

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¡Queríamos esperar a que naciera el pequeño Lorenzo 🙂 para publicar todas la historia en el detalle! Aquí está el capítulo 2 de Eleonora, una futura madre expatriada

Regresé después de unos meses de silencio informativo. Ahora que me encuentro en el noveno mes de embarazo, finalmente tengo un poco de calma para mirar hacia atrás en este reciente e intenso viaje… al extranjero. O más bien entre tres países diferentes: Italia, un poco de Bélgica, pero sobre todo Argelia, donde yo y mi pareja (que es belga) hemos vivido durante dos años.

Como bien sabréis, el primer embarazo es todo un descubrimiento, ya sea a nivel de sensaciones, emociones, sorpresas, asombros, enfermedades pero sobre todo exámenes para hacer y organizar el fatídico día… el parto.
Cuando se vive en el extranjero, especialmente en un país fuera y lejos de Europa sujeto a diferentes reglas y prácticas, se agregan otros puntos para analizarlos cuidadosamente en la lista.

Por ejemplo: encontrar un médico de confianza del lugar, decidir si deseas dar a luz en el país donde vives, donde se encuentran los hospitales o laboratorios más cercanos para realizar pruebas, etc. etc… en resumen, un gran desastre. Todo se complica si no hablas el idioma del país, como el árabe argelino (además del bereber), y pese a que en este contexto específico, afortunadamente, la población local habla francés con fluidez, tampoco es mi lengua materna.

Pasan los primeros meses entre una náusea y la siguiente, y comienza la búsqueda ininterrumpida de información y consejos, pero el gran signo de interrogación era siempre solo uno: ¿dónde daré a luz? ¿En Argel o tendré que regresar a Europa? Y si quisiera regresar a Europa, ¿qué país elegir entre Bélgica o Italia?

Una amiga expat dio a luz en Argel en una clínica privada y estaba feliz con la experiencia. Los amigos y colegas argelinos me responden desconcertados: «¿Quieres dar a luz aquí TÚ que puedes regresar? ¡No lo pienses dos veces, vuelve a Europa!». Aparentemente, el sistema de hospitales públicos de Argelia (dicho por ellos mismos) no mima mucho a los pacientes. Y el privado, aunque cuida más al paciente, en caso de una emergencia te enviaría de regreso al hospital público. Obviamente, si todo va bien, todos están contentos, en caso de complicaciones comienzan los problemas. Y sería demasiado tarde para tomar el primer avión de regreso a Europa (las aerolíneas generalmente solo aceptan mujeres embarazadas de hasta 36 semanas). Además, las parejas no pueden quedarse con la mujer en la sala de partos, es un asunto que queda entre mujeres, digamos. Mi amiga expat tuvo que insistir en que su pareja estuviera presente durante el parto, y al final consiguieron que la clínica aceptase solo porque estaban «en privado».

Más allá del hecho de que quedaría genial tener como lugar de nacimiento del bebé «Argel», la posibilidad de dar a luz se presentaba como una elección no tan fácil como había pensado originalmente. La alternativa era regresar a Europa, calculando al menos dos meses antes del día X y un mes después del nacimiento, luego tres meses en total en un lugar familiar pero ya no en tu casa… Y la pareja que tendrá que venir un número X días antes de dar a luz para no perdérselo y poder estar contigo solo unos días después, porque obviamente tiene que volver al trabajo y las vacaciones no son interminables. Por lo tanto, significa pasar un uen rato sola, con y sin hijo, pre y post parto… ¡qué desastre!

Mi pareja sabiamente me propuso hacer una lista de «pros» y «contras» por país, para tener una visión de las prioridades claras para nosotros. El resultado fue este:

 

Debo decir que lo que nos ayudó a tomar la mejor decisión para nosotros y la prioridad fue… la comida 😀 ! Es cierto que no existe una solución absoluta mejor, sino un conjunto de prioridades subjetivas que cada uno de nosotros da para sentir y vivir este momento de la manera más serena posible. ¡Poner algunos puntos en negro sobre blanco puede ayudar a aclarar!

Ahora me encuentro esperando el gran día en Italia, en mi pueblo natal, rodeada de la familia materna que podrá ayudarme al principio, algunos buenos amigos, el papá todavía por (solo!) dos semanas y de la súper calidad de la cocina y de los productos italianos! 😀

Espero no acostumbrarme demasiado bien porque después tendremos que volver, y espero también que nuestro pequeñín no se haga esperar demasiado, ¡o se alterarán todos los cálculos!

Hasta Pronto 😀

Besos & abrazos,
Eleonora

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