Monica, una madre budista.

Reading Time: 2 minutes

Aquí estoy, yo también vengo a contar un poco de mi experiencia como madre. Me llamo Monica, tengo 49 años, madre de Diana de 11 años, convivo con su papá desde hace 15 años y soy budista desde hace 14 años. Primero encontré al papá, que me hizo conocer el budismo de Nichiren Daishonin (hay más budismos) y luego llegó la princesa… Diana… Ja ja…

El budismo fue y es para mí, mi timón para navegar en esta experiencia, que para cada uno es una aventura diferente. Cada madre tiene su bebé perfecto y cada niño tiene su madre perfecta. El budismo es parte de mi vida diaria: no hay diferencia entre ponerlo en práctica haciendo de madre, haciendo de pareja o viviendo qualquier contexto cotidiano… Es una forma de vida. Serlo me da certeza y confianza en todas las circunstancias, incluso en las dificultades. Es mi brújula.

Tengo mucha fe y confianza en el hecho de que mi ejemplo también educa a Diana. Cuando estoy en problemas y no solo, elijo lecturas budistas y pedagógicas que van con mis sentimientos, para tener consejos y ánimos.

Recuerdo un episodio de la pequeña Diana y la opción de vacunarla o no… Un drama, no sabía qué elección tomar, ya que también estaba marcada por la vía de la homeopatía y los métodos naturales. En esa ocasión me aseguré de confiar en mí misma y en el hecho de que, independientemente de la elección que tomara, sería la correcta para nosotros.

Practicar el budismo significa, en primer lugar, confiar en la fuerza interior que cada uno tiene y, a través de la repetición del mantra,elevar el estado vital interior para reconocer la elección correcta para uno mismo y, en este caso, también para nuestros hijos.

Ambos somos budistas, a pesar de esto, existen diferencias de opinión y, sin embargo, siempre encontramos una tercera opción que resulta ser la mejor.

Ejemplo sobre el período del inicio de curso escolar: la elección de Sí, le hacemos hacer religión o No. Decisión… No, ya que no podemos apoyarlo en los conceptos, ya que no creemos en ninguna entidad externa a nosotros, ni a los principios católicos (aclaro que hemos crecido en familias cristianas). Al principio era difícil explicarle a una niña de 6 años la razón, pero, a juzgar por nuestras creencias y por nuestros sentimientos, tuvimos éxito, de manera sencilla, en el diálogo con ella.

Hoy, Diana está tranquila y también ella se identifica como budista, aunque no practica de un modo o del otro en este momento, pero sabe cómo reconocer la diferencia entre los dos y elige qué creer independientemente. En 5º mantuvo en clase una discusión sobre los conceptos básicos del Budismo. La coherencia es un punto muy importante para mantener la credibilidad a los ojos de nuestros hijos… justamente dando ejemplo.

Querría deciros muchas más cosas para transmitir la importancia para mí, para practicar el Budismo y usarlo todos los días… Si tenéis preguntas o curiosidad, estaré encantada de iluminar vuestras dudas…

Monica

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *